Vicepresidencia y Ministerio de la presidencia
Colección Informe Nº 16
SUMARIO

Los Reyes en América

3. VENEZUELA - GUATEMALA - HONDURAS - EL SALVADOR - COSTA RICA - PANAMÁ

LOS REYES EN GUATEMALA

10 al 13 de septiembre de 1977

Reafirmo ante vosotros, una vez más, que «os hablo en nombre de una idea»: de la grandeza y felicidad de Centroamérica, «que lo soñado se convierta en hecho», que se transforme en realidad gracias a vuestro esfuerzo y vuestro afán. En todo momento y con hechos, España quiere estar a vuestro lado

El Rey, al Congreso de Guatemala

Sobre 108.889 kilómetros cuadrados, la República de Guatemala tiene una población de 6.129.000 habitantes, más de la mitad de raza maya-quiché, y el resto en su gran mayoría de origen europeo con mezcla de indígena. Es la más septentrional de las repúblicas centroamericanas. La cordillera procedente de Méjico se bifurca dando lugar a la Sierra Madre y al Sistema de los Cuchumatanes, incluyendo esta accidentada orografía 33 volcanes a lo largo de la cadena costera del Pacífico.

La economía se basa en la agricultura, a la que se entrega el 90 por 100 de la población: café, plátano, caña de azúcar, maíz, algodón.

El país, poblado originariamente por varias naciones aborígenes (la principal, los mayas), fue explorado y conquistado por Pedro de Alvarado en 1523, obteniendo más tarde su organización como Capitanía General por cédula de Carlos V.

El 15 de septiembre de 1821 se independizó de España sin derramamiento de sangre, incorporándose al imperio de Itúrbide de México, y perteneciendo más tarde a la Federación de Provincias Unidas del Centro de América, hasta su disolución.

Actualmente, Guatemala es una República Unitaria Presidencialista, correspondiendo el poder legislativo a un Congreso Unicameral.

Su unidad monetaria es el quetzal. Idioma oficial el español, con más de 20 lenguas indígenas.

EL REY, ANTE EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA, EN LA SESIÓN CONMEMORATIVA DEL CLVI ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DE CENTROAMÉRICA

Congreso Nacional de Guatemala
10 de septiembre de 1977

Señor Presidente de la República,
Señor Vicepresidente de la República,
Señor Presidente del Congreso de la República de Guatemala,
Señor Presidente del Poder Judicial,
Señores Presidentes y Representantes de los Poderes Legislativos de las Repúblicas de Centroamérica,
Señores Jefes de Misiones Extranjeras,
Honorables Diputados:

El sentir profundo y la vivencia cotidiana de los pueblos, se van jalonando a lo largo de la Historia, por ciertos momentos de relieve decisivo. La invitación para que el Rey de España, en su primera llegada a Centroamérica, esté presente en esta sesión solemne que conmemora vuestra independencia colectiva, rubrica uno de estos hitos llenos de significado.

En este acto inicial de nuestra visita, no puedo concebir un marco más apropiado ni una ocasión más oportuna que esta celebración en la sede de la antigua Capitanía General de Guatemala. No creo necesario subrayar su significado. Disfrutamos de un pasado histórico vivido durante siglos en común. Todos somos hermanos, en consolidada madurez, surgidos de un mismo tronco familiar. Todos, en fin, por la vía del espíritu y de las libertades, somos continuadores del despertar que se configuró en torno a la Constitución de 1812.

Al llegar al momento de ese despertar —mediado el primer tercio del siglo XIX— el espíritu de los tiempos y de vuestra propia plenitud nacional motivó una breve interrupción de nuestra comunicación. La cordialidad entre nosotros se restableció pronto y, a medida que la técnica va facilitando progresivamente los intercambios, nuestro entrelazamiento se incrementa de una manera natural.

La afinidad que mutuamente sentimos, jamás encontró obstáculos en la distancia, desde que nuestros comunes antepasados se instalaron a convivir en esta privilegiada y bella encrucijada de América. A poco de iniciarse el siglo XVI, la gran aventura de la formación de las «ínclitas razas ubérrimas» que cantara el poeta, empezó a tomar cuerpo. Muy pronto, las ciudades con nombres y evocación castellana y religiosa se entrelazaron con las poblaciones con denominaciones indígenas, a medida que los hombres y sus culturas se fusionaban para configurar, año a año, la espléndida realidad vital de esta Centroamérica de hoy.

Una decidida armonización unitaria se inició con la creación de la Capitanía General de Guatemala. El aspecto militar y gubernativo fue muy pronto complementado por el judicial, al crearse en 1543 la Audiencia de los Confines. Algo más de un siglo después, llegó la autorización real para la creación de la Universidad de San Carlos —a poco de instalarse la primera imprenta— y fue solemnemente inaugurada en 1681. Cincuenta años más tarde, aparece Ir «Gaceta de Guatemala» primer periódico de Centroamérica, y se instala en esta capital la Casa de la Moneda. La organización administrativa de la Iglesia se ajusta en 1745 a todo ese complejo unificado, creando la Archidiócesis de Guatemala como cabeza religiosa de todo el territorio.

A partir de la gesta de Pedro de Alvarado, en el progresivo transcurso de dos siglos, Centroamérica, sin perder la fuerza de su variedad, se acopla a una organización única que tendrá fiel reflejo a la hora de su independencia. El 15 de septiembre de 1821 de forma pacífica, Centroamérica asume su soberanía y su destino, con el Capitán General Gainza como Jefe del nuevo Estado. Dos años después se crean las «Provincias Unidas del Centro de América», que ratifican al año siguiente su Constitución. Vuestras Repúblicas acceden, pues, a la vida independiente, unidas; como unidas habían estado antes de tan trascendental paso.

La actual pluralidad conserva en su trasfondo esa unidad, como posibilidad potencial. Para un observador extraño, vuestra comunidad no es la simple agregación de Naciones asentadas sobre un espacio natural delimitado geográficamente. Os une un origen común y os caracteriza una personalidad realizada a través del tiempo. Un futuro comunitario podría reservar para todos un destino de realización en un mundo que tiende a la agrupación. Permitidme estas reflexiones ante el hecho de ver congregados aquí la representación de vuestros Poderes Legislativos, en una celebración conjunta.

Me atrevo a ponderar, asimismo, vuestra dimensión universal, en cuanto rasgo distintivo persistente: Lo fue de la cultura maya, que cubrió grandes zonas de vuestro territorio; es consustancial a vuestra situación geográfica, como puente entre los dos grandes bloques continentales y como nexo entre los Océanos; lo es vuestra aportación literaria, desde el «Popol Vuh» hasta Darío y Asturias.

Universal es también el hecho del mestizaje, en cuanto que marca el ejemplo de una convivencia social posible, en un mundo de tensiones raciales y de egoísmo cimentados sobre exclusiones y rechazos por razones étnicas.

Universal fue, en su concepción, la convicción de uno de vuestros procuradores ante las Cortes de Cádiz, Antonio Larrazábal, que abogó por la posibilidad de una Comunidad hispánica de naciones, con base a un entramado de provincias o entidades autónomas, iguales en derechos y obligaciones.

Toda esta universalidad plenamente realizada y las posibilidades potenciales que albergáis como gran promesa de futuro brindada al mundo, no es fruto de la casualidad. Las debéis a la legendaria belleza de vuestros paisajes; a la riqueza de mitos plasmados en monumentos artísticos, de incalculable valor, que os legaron las culturas prehispánicas, a la proyección que os da vuestra inserción en el mundo occidental, a través del idioma y de las ideas, que desde hace más de cuatro siglos vienen configurando vuestra existencia colectiva. Lo debéis, en fin, a vuestra variada expresión nacional, amorosamente cultivada, generación a generación.

El viajero que visita vuestras tierras queda prendado por toda esa realidad. A Guatemala llega, atraído quizá por la lectura de la obra de Miguel Angel Asturias, galardonado con el premio literario de universal consagración, y queda deslumbrado por Tikal, Chichicastenango y La Antigua. Llevado por tan profundas impresiones, de una manera natural, el viajero se adentra en vuestra expresión artística y literaria actual y acaba cantando a su vez, como hace unos años nuestro poeta Agustín de Foxá, la belleza de vuestros lagos y de vuestros volcanes.

En Honduras, se renuevan las mismas sensaciones, con sus escarpadas montañas adornadas de inmensos pinares. En Tegucigalpa, los monumentos de las plazas públicas recordarán al moderno peregrino las figuras señeras de proceres como el General Francisco Morazán y como el sabio José Cecilio del Valle, flotando en el aire de sus viejos ideales de integración y los nuevos de prosperidad y bienestar de sus descendientes de hoy.

¿Qué decir de El Salvador? El viajero de nuestros días queda asombrado de la densidad de su población y de la forma con que ésta es compatible con una belleza geográfica sin par, en la que lagos, montañas y volcanes se combinan con sus incomparables playas y ensenadas bañadas por el Pacífico y con la exuberancia de su vegetación. Sus tierras, cultivadas con laboriosidad ejemplar, reflejan el carácter y la tenacidad de un pueblo empeñado en decantar por el esfuerzo un futuro mejor.

De la mano de Darío, el viajero se adentra en Nicaragua. Poeta de la raza y mago de la palabra, intuyó la futura grandeza de nuestras naciones y el resurgir de España. Rubén soñó —y plasmó sus sueños en estrofas eternas— una comunidad conjuntada de países de habla española, capaz de ocupar el lugar, alto y digno, que en el concierto internacional le corresponde. A nosotros nos incumbe confirmar al poeta soñador y hacer de él el heraldo de una realidad que su memoria merece.

Poeta de Nicaragua. Llevado por su lira, el moderno peregrino siente en carne propia el espectáculo aún visible de la tragedia que asoló el país en 1972. Sus lagos azules, el Momotambo imponente, su verde costa atlántica, todos se estremecieron —y el mundo con ellos— al contemplar con las luces del alba la desaparición de Managua. El pueblo nicaragüense dio, una vez más, una lección de temple y valor y se lanzó, de nuevo, al trabajo y a la reconstrucción. El viajero admira esta lección de tenacidad frente a la adversidad y comprende su ejemplaridad. Los Reyes de España hacen votos para que, pronto, su deseo de visitar al pueblo nicaragüense se convierta en realidad.

Finalmente, nuestro viajero de hoy, termina su gira centroamericana en Costa Rica. Se reanuda su deslumbramiento por las bellezas naturales que va contemplando y queda impresionado por la moderación y las virtudes cívicas de sus ciudadanos. La memoria del peregrino revive las jornadas de San José, al proclamarse el Pacto de los Derechos Humanos en 1969, tan reveladores de la ejemplar preocupación costarricense por un tema cuya dimensión y alcance constituye uno de los fundamentos de la Sociedad Internacional de nuestro tiempo. La decidida dimensión cultural y educativa de Costa Rica, esclarecido ejemplo de toda una concepción del Estado basada en el respeto de la ley y el ordenamiento constitucional, señala al viajero el camino recto de la justa, pacífica y fructífera convivencia.

La rica variedad plural de Centroamérica ha sentido siempre esa llamada íntima a la integración de su economía y de sus intereses. En esta sesión solemne, en presencia de los representantes de sus Poderes Legislativos, justo es rememorar los esfuerzos recientes que se han venido realizando desde 1951, en que se aprobó la primera Carta de la Organización de Estados Centroamericanos en San Salvador. Al cumplirse el año 1960, la Comunidad de Naciones de habla española vivimos con ilusión y con esperanza el primer intento de integración económica que se producía en nuestro seno y que Centroamérica ofrecía como ejemplo. El 13 de diciembre de ese año, en Managua, nacía vuestro Mercado Común y, paralelamente, el Banco Centroamericano de Integración Económica.

El Rey de España quiere aprovechar esta ocasión inicial de su primera visita, para unirse a la esperanza que ha despertado el Anteproyecto de Acuerdo elaborado por la Secretaría Permanente del Tratado de Integración Económica Centroamericana y formular sus votos fervientes por una pronta realización de tan laudable propósito. Vuestros hermanos por el espíritu y por la lengua, por la sangre y por la tradición, deseamos vehementemente vuestra prosperidad y vuestro progreso, y estamos dispuestos, en la medida en que lo permitan nuestros recursos, a apoyar cuanta iniciativa integracionista nazca de vuestra libérrima voluntad soberana.

Señor Presidente de la República.
Señor Presidente del Congreso de la República de Guatemala,
Señores Presidentes y Representantes de los Poderes Legislativos de las Repúblicas de Centroamérica.
Señores Diputados:

He venido a testimoniar la voluntad americana de la Corona, del Gobierno y del pueblo de España. Ante los Poderes Legislativos de Centroamérica en esta hora de solemne conmemoración de vuestra Independencia, quiero dejar testimonio también de nuestro homenaje a todos aquellos prohombres, vuestros compatriotas, que contribuyeron con su empeño y su entrega a la configuración de vuestra realidad actual, quiero también expresar el sentimiento de solidaridad de los españoles con las justas aspiraciones de Guatemala respecto a Belice. Sus derechos históricos fueron siempre defendidos por la Corona. Veríamos con gran satisfacción que se lograra pronto una justa solución.

Por último reafirmo ante vosotros, una vez más, que «os hablo en nombre de una idea»: de la grandeza y felicidad de Centroamérica, «que lo soñado se convierta en hecho», que se transforme en realidad gracias a vuestro esfuerzo y vuestro afán. En todo momento y con hechos, España quiere estar a vuestro lado.

EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA EN LA IMPOSICIÓN DE LA ORDEN DEL QUETZAL A LOS REYES DE ESPAÑA

Salón de Recepciones presidencial
10 de septiembre de 1977

En un día como hoy hace cuatrocientos ochenta y cinco años, España trazaba sobre el mar la ruta del descubrimiento del nuevo mundo.

No fue sólo Cristóbal Colón el que encontró tierra firme al culminar su alucinada y fecunda travesía, sino también los aborígenes, pues a partir de entonces la tierra americana sería firme para la construcción de la nacionalidad naciente, de la nueva cultura y del hombre nuevo.

En el día de hoy, España regresa.

En Vos regresa la España eterna.

Regresa, no a descubrir ni a colonizar, sino a restaurar.

Regresa para rescatar y para restablecer identidad, identificación e ideología.

Para rescatar y para restablecer la identidad de lo hispánico, que en América se ha diluido y mixtificado por la persistencia y la magnitud de otras influencias. Para restablecer la identificación en la raíz cultural. Para restablecer la ideología de objetivos comunes para el espíritu, y la fe en los valores que trascienden y rebasan el pragmatismo que domina a nuestra época.

Por ello, Vuestra presencia en Centroamérica trae los signos del restaurador que ha entendido que en esta hora en que las grandes potencias asocian sus hegemonías militares; en esta hora en que hasta países de mediano desarrollo integran sus economías, aquellas para dominar y éstos para sobrevivir, es indispensable que España y la América que de ella desciende se encuentren de nuevo, para salvar, proteger y conservar su identidad, su identificación y su ideología comunes.

La presencia cultural de España en América se mantuvo durante el siglo XIX no obstante la independencia de las que habían sido sus colonias.

Ello se manifiesta en la institución de la clerecía, que resguardó la religión original que habían predicado los frailes y los misioneros. Mantuvimos el mismo Dios, permanecieron sus templos y las formas de su culto. Todavía ahora no se han extinguido.

Lo hispánico prevaleció en nuestras costumbres. Hispánica a la par de aborígenes y también aborígenes e hispánicas fueron nuestras tradiciones. Y siguen siéndolo.

Don Quijote tuvo siempre un lugar en nuestros hogares y en nuestras escuelas. Y la apasionada devoción por lo que España era y por lo que de ella era símbolo, se mantuvo como el fuego interminable que alimentaba el sentido épico del Cid Campeador.

Sin embargo, el siglo XX ha sido un tiempo de concentración de España dentro de su propia geografía y, a la vez, de penetración de América por las potencias próximas. No hace muchos años que Rubén Darío preguntaba cuándo dejaríamos de hablar en nuestro idioma.

España, pues, ha estado en estos años presente sólo en cuanto al pasado, pero lejana en los días vitales en que nuestros países se esfuerzan, sangrando, y trabajan, como en una agonía, por avanzar y por no ser avasallados.

Esto ha significado no divergencias pero sí ambivalencias.

Esto ha significado un peligro para nuestra propia identidad de pueblos hispánicos y aborígenes.

Esto ha significado el riesgo de sustituir la imaginación creadora, la devoción a la construcción espiritual que de España aprendimos, por la acción de la computadora que nos podría hacer homogenizados y deshumanizados.

Pero Vuestras sandalias de restaurador parecen indicarnos que la España eterna y la España de hoy han comprendido que es el tiempo del reencuentro con América hispánica.

En ninguna área del planeta existe un territorio y una población con tan profundas raíces y características unitarias en su pasado histórico como en América hispánica. Seguramente otras regiones son de mayor tamaño físico, pero mayor es también su diversidad y su contraposición étnica, religiosa y cultural.

No hay tampoco en la Europa continental y menos en Asia y en África nación alguna que haya sido descubridora y constructora de naciones como España. Y lo que es el elemento que a éstas caracteriza: su unidad y cohesión por el idioma, por la cultura básica y por la religión. Y les aglutina un factor que no se encuentra ya en nuestra época: la devoción y la tradición espirituales, que proceden de la nación matriz.

Todo es, pues, propicio al reencuentro.

Pero, además de propicio, necesario. Necesario, porque la sobrevivencia de España en el exterior está en América hispánica, y porque la sobrevivencia de la misma América como unidad de filosofía de vida radica en su permanente asociación y vínculo a España.

Yo entiendo, Majestad, que Vuestra peregrinación a nuestros países se funda en la concepción del reencuentro. Es afortunada esa decisión porque es hoy cuando existen todavía las condiciones para que él sea fecundo. Es así como en Cartagena de Indias Vos dijisteis el 11 de octubre de 1976 que «...Frente al mundo de hoy y sus problemas debemos hacer un nuevo esfuerzo de imaginación y de valentía para arribar, no a nuevas tierras, sino a nuevas soluciones, a nuevas políticas y nuevas fórmulas de convivencia. Nuestros pueblos jóvenes exigen que el pasado deje de ser un refugio de glorias cumplidas y se abra como un libro de experiencias vividas y aleccionadoras para el mañana, como una nueva carta de navegación para empresas futuras.»

El pueblo y el gobierno de Guatemala han seguido con fraternal interés el desarrollo de la España contemporánea.

En lo económico, España ha protagonizado en los últimos quince años un desarrollo económico y social que se expresa en el aumento de la renta per cápita, que pasó de 292 dólares en 1960 a 2.500 en 1975; el incremento de la producción industrial llegó a 30,1 miles de millones de dólares en el último de esos años cuando en el primero de ellos había sido de 3,4 miles de millones.

En lo político, hemos observado con simpatía y con percepción pedagógica la eficacia, el talento y la templanza de Vuestra Majestad al conducir a España en una etapa que pudo ser sombría y trágica.

Por Vuestra calidad de estadista no se han producido cataclismos.

Por Vuestra visión de conductor y por la grandeza del pueblo español, la manifestación de las ideologías y los procesos sociales se dan dentro de la paz y con equilibrio.

Hermosa y eficiente didáctica para otros países.

América hispánica puede y debe utilizar esas enseñanzas, haciendo uso de ellas particularmente los que a título de rectores de organizaciones políticas, tienen la responsabilidad de conducir y desarrollar las ideologías y las doctrinas dentro de la paz y para la paz.

En la hora del reencuentro y de la restauración del trabajo común por la grandeza y proyección de lo hispánico, España y Guatemala tienen también otro elemento de identidad y de identificación: Gibraltar y Belice.

Por siglos, la dominación imperial se ha mantenido en esa parte de Vuestro suelo hiriendo, mancillando y usurpando.

Por siglos, la dominación imperial se ha mantenido en el suelo nuestro, usurpando, hiriendo y mancillando.

Gibraltar y Belice serán redimidos, sin embargo, y redimidos por nuestros propios pueblos.

A la luz de Vuestras virtudes y por Vuestra misión de dar nacimiento, vida y proyección a una nueva era en el mundo hispánico, Guatemala entrega a Vos, Señor, el Gran Collar de la Orden del Quetzal; Guatemala entrega la misma presea en el Grado de Gran Cruz a Vos, Señora, en cuya persona se unen la excelencia de la cultura helénica y la grandeza de la hispánica.

Pocas veces la Orden del Quetzal ha sido tan justificada como hoy.

Pocas veces la Orden del Quetzal expresa la síntesis y el símbolo del reconocimiento y de la amistad del pueblo de Guatemala y de su gobierno.

Pido a Vuestras Majestades no interpretar este testimonio como simple formalidad protocolaria, sino como la auténtica manifestación de adhesión a la España eterna de la que Vosotros sois representantes.

Que Dios os guíe.

EL REY, EN LA IMPOSICIÓN DEL COLLAR DE LA ORDEN DEL QUETZAL

Salón de Recepciones presidencial
10 de septiembre de 1977

Señor Presidente:

Nos acabáis de imponer, a la Reina y a Mí, las insignias de la Orden del Quetzal, símbolo sagrado y poético que con tanto acierto conserva Guatemala.

Rara vez en la Historia ha mitificado el hombre un animal de más acabada hermosura. Permitidme rinda un homenaje a la sabiduría profunda de los pueblos mayas. El temple y la grandeza del hombre se manifiestan muchas veces en sus mitos y en sus símbolos. Optar por la belleza que la naturaleza ofrece constituye una prueba inconfundible de madurez.

Los vestigios admirables legados por los mayas, su cerámica, sus pinturas, sus esculturas, sus obras arquitectónicas y sus técnicas textiles encuentran en el quetzal su más auténtica representación. Esa civilización, que lograba precisiones admirables en la medición del tiempo y en el cultivo de la tierra, y en sus doctrinas filosóficas, nos brindan, en la agitada vida de hoy, niveles de armonía ejemplares que Guatemala hace muy bien en atesorar y difundir.

A la hora de las grandes empresas nacionales o cuando llega el momento de hacer frente a la adversidad, esa sabiduría, dinámica y constructiva, se une al espíritu esforzado y de empresa que desde el otro lado del Atlántico vino a fundirse con ella para configurar la nueva realidad.

Desde los albores del siglo XVI, ambos pueblos iniciaron una convivencia que pronto granó en un mestizaje fecundo. Los monumentos perpetúan esa compenetración de razas y de artes. La ciudad de Antigua se yergue como un testimonio de la voluntad de fundar y enraizar de Pedro de Alvarado; sus templos barrocos recogen la labor creadora de los pueblos que los labraron; sus ruinas revelan las inclemencias sísmicas que juntos tuvieron que afrontar.

En la madrugada del 4 de febrero del año pasado la tierra volvió a asolar Guatemala. España se unió a vuestro dolor y aportó su ayuda. Nuevamente admiramos el espíritu de lucha del pueblo guatemalteco frente a la adversidad. Una vez más el mito del quetzal y el símbolo de Antigua afloraron como permanente lección histórica. Lección de serenidad maya y de impulso cristiano que en la postración exige el resurgimiento a través del esfuerzo y la dignidad.

Esfuerzo y dignidad que también ejemplariza la nación guatemalteca cuando se trata de defender sus derechos históricos y sus límites territoriales. España no duda que lograréis vuestros justos deseos y hace votos para que le sean reconocidos, de una forma pacífica, a través de una solución negociada.

Señor Presidente:

Todo eso simboliza, para la Reina y para mí, estas insignias que nos habéis impuesto y que os agradecemos de todo corazón.

EL REY, CON LOS ESPAÑOLES RESIDENTES EN GUATEMALA

Centro Español de la Ciudad de Guatemala
12 de septiembre de 1977

Señor presidente del Centro español,

Españoles residentes en Guatemala:

Con la satisfacción que os podéis imaginar, la Reina y yo acudimos hoy a visitaros en vuestro Centro de Guatemala para traeros el cordial recuerdo de todos vuestros conciudadanos, que en España se afanan con el mismo empeño que lo hacéis aquí.

Hemos querido cumplir con el vivo deseo que teníamos de reunimos con vosotros, aunque sea brevemente, para expresaros nuestro afecto y nuestra admiración por la labor que habéis realizado en Guatemala. Debéis de estar conscientes de que sois los depositarios de una tradición secular. España sigue presente aquí a través de vosotros. Vuestro trabajo y vuestra dedicación, a la vez que en beneficio propio, contribuyen a la prosperidad de esta República hermana, a la que tantos lazos nos unen.

Quisiera alentaros a proseguir vuestra labor. Allí donde está un español late un trozo de España. Más que emisarios de buena voluntad, sois la representación viva de España en el exterior, con toda su rica variedad y la multiplicidad de sus virtudes. Pesa sobre vosotros una gran responsabilidad, pero tenéis la confianza de vuestros compatriotas y de vuestro Rey.

La riqueza que habéis sabido generar y los éxitos que no dudo lograréis en el futuro constituirán no sólo vuestro éxito personal, sino que habrán de contribuir a la prosperidad de Guatemala, que tan generosamente os dio acogida.

Hago votos por vuestra felicidad y por vuestro futuro, en la seguridad de que vuestros actos perpetuarán el buen nombre de España en esta tierra entrañable.

¡Españoles!

¡Viva España!

EL REY, EN LA IMPOSICIÓN DE LAS INSIGNIAS DE LA ORDEN DE ISABEL LA CATÓLICA AL PRESIDENTE DE GUATEMALA Y SEÑORA DE LAUGERUD

Embajada de España
12 de septiembre de 1977

Señor Presidente:

Agradecidísimos a todas las atenciones que nos habéis prodigado y asombrados por las ruinas de Tikal, culminamos esta segunda jornada centroamericana cautivados por la belleza del paisaje de Guatemala y la maravilla de la antigua Guatemala.

En contacto con la realidad guatemalteca, la memoria hace revivir los afanes de la obra de España en América y comparte el primer asombro de cuantos a sus costas llegaron al contemplar tanta maravilla. Aquellos hombres, templados, sobrios y audaces, encontraron en este Continente una dimensión acorde con la suya. Al revivir mentalmente sus hazañas, al pensarlas frente a esta ingente y deslumbradora realidad americana, conmueve íntimamente tanta fortaleza de ánimo. Hacia esos hombres, que vinieron a quedarse, a fundar ciudades y universidades, que dejaron aquí nuestra cultura y nuestra fe, se vuelve hoy toda nuestra admiración.

España ha querido simbolizar toda esa gesta en una Orden americana, a la que dio el nombre de la Reina que primero comprendió al visionario navegante que inició la portentosa aventura. Como descendiente, a mi vez, de aquella Reina y como gran Canciller de la Orden, a vos, señor Presidente de la República, tengo el grato honor de imponeros el Gran Collar de Isabel la Católica, al tiempo que me vais a permitir que incorpore a la mujer guatemalteca, de ayer y de hoy, en el homenaje que España le rinde a través de vuestra distinguida esposa, al condecorarla con la Gran Cruz de Dama de la misma Orden.

COMUNICADO CONJUNTO DE LOS CANCILLERES DE ESPAÑA Y GUATEMALA

Invitados especialmente por el señor Presidente de la República, General Kjell Eugenio Laugerud García, S. M. el Rey Don Juan Carlos I de España, acompañado de S. M. la Reina Sofía, visitó oficialmente Guatemala los días 10, 11, 12 y 13 de septiembre.

En el curso de su estancia, SS. MM. los Reyes tuvieron un nutrido programa, que se inició con un mensaje que S. M. el Rey dirigió al Honorable Congreso de la República de Guatemala, reunido en sesión solemne para conmemorar el CLVI Aniversario de la Independencia de Centroamérica y que incluyó, además de las actividades propias de una visita de Jefe de Estado, una gira a las ruinas mayas de Tikal, a la antigua capital de Guatemala, monumento de América, y la visita al Centro Español de la ciudad de Guatemala.

En el curso de las conversaciones que mantuvieron el Rey de España y el Presidente de la República de Guatemala, al pasar revista a los distintos temas de interés común, comprobaron con profunda complacencia que las relaciones bilaterales, además de enmarcadas por una tradición de gran cordialidad y afecto, se desenvuelven sobre la base del respeto a los principios del Derecho Internacional y, de manera muy particular, sobre aquellos que se refieren a la igualdad soberana de los Estados, la integridad territorial de los mismos, la no intervención en asuntos internos, la solución pacífica de las controversias y el repudio al empleo y a la amenaza de la fuerza.

Ambos Jefes de Estado, así como sus respectivos Ministros de Asuntos Exteriores y de Relaciones Exteriores, convinieron en la existencia de una comunidad de pueblos iberoamericanos, enraizada en la Historia, cuya virtualización y potenciación constituye una aspiración profunda y esperanzadora del pueblo español y el pueblo guatemalteco.

Su Majestad el Rey de España expresó que la Corona, al asumir el legado histórico que da origen a esa comunidad de pueblos iberoamericanos y la proyección de la constante de la política exterior española que en él se fundamenta, lo hace bajo el signo de modernidad que el espíritu y las necesidades del día exigen, declarando su fe en la importancia de la cooperación en todos los órdenes, en una más equitativa correlación de los términos de intercambio del comercio internacional y en una fluida y generosa transferencia de tecnología.

Los dos Jefes de Estado coincidieron asimismo en que el respeto del derecho soberano de cada pueblo a escoger libremente su sistema político, económico y social es condición imprescindible para el armónico desarrollo de las relaciones entre los Estados. En ese sentido concurrieron en la decidida condena de las situaciones coloniales que aún subsisten y de las prácticas discriminatorias y demás formas de dominación actualmente en uso, conviniendo en que su eliminación definitiva constituiría una aportación decisiva y por tanto urgente a la causa de la paz, la justicia y el bienestar de los pueblos.

Dentro de ese espíritu, el Presidente de la República de Guatemala expuso los derechos históricos y los títulos jurídicos sobre los que Guatemala apoya su reivindicación de Belice, y el Rey de España, por su parte, hizo votos porque estas justas y legítimas aspiraciones guatemaltecas alcancen, por la vía de la negociación, una solución satisfactoria, para lo cual expresó el más decidido apoyo de su país.

Ambos Jefes de Estado subrayaron la trascendencia implícita en una profunda reestructuración de las relaciones económicas internacionales y, consecuentemente, la importancia de proseguir el diálogo en el seno de la Conferencia de Cooperación Económica Internacional, como medio de lograr la decidida implantación de un nuevo orden económico internacional.

En el ámbito concreto de las relaciones iberoamericanas, el Presidente de la República de Guatemala expuso la impostergable necesidad de impulsar la estructuración económica, social y cultural de la comunidad iberoamericana, que se funda en la histórica afinidad espiritual de los pueblos que la integran, a efecto de promover mediante una cooperación más estrecha su pleno desarrollo integral.

El Rey de España, por su parte, hizo una exposición de los «principios rectores» y de los «ejes conceptuales» fijados por su Gobierno como marco general de referencia por el que ha de regirse la política exterior de España con relación a Iberoamérica y, en el plano de las realizaciones ya logradas, trazó el cuadro de crecimiento sustancial de los intercambios comerciales, la significativa incorporación de España como Miembro del Banco Interamericano de Desarrollo y el esfuerzo general realizado en el plano de las cooperaciones laboral, cultural, científica y técnica.

Ambas partes se felicitaron por el buen éxito de las negociaciones sobre el Canal de Panamá y la forma en que éstas acaban de culminar en el Tratado firmado en Wáshington el 7 de septiembre de 1977 entre la República de Panamá y los Estados Unidos de Norteamérica. Los dos Jefes de Estado coincidieron en que la solución concertada a que se ha llegado constituye un modelo de entendimiento pacífico y amistoso que los dos países interesados ofrecen como ejemplo a la sociedad internacional.

En el plano bilateral los dos Jefes de Estado convinieron en la importancia de estrechar aún más los lazos que unen a ambos países.

Las dos partes se felicitaron por el importante desarrollo alcanzado por la cooperación técnica hispano-guatemalteca en los sectores de aviación civil, formación de personal militar y transporte entre otros. Mostraron especial satisfacción por el fructífero desarrollo de los programas de cooperación en materia de formación profesional de adultos en los sectores de la Industria, Agricultura y Ganadería y Servicios.

Como paso inicial y fundamental, durante la visita de Su Majestad el Rey de España a Guatemala, el 12 de los corrientes fue firmado por los dos Cancilleres el Acuerdo Básico de Cooperación Técnica entre España y Guatemala, que establece el marco jurídico concertado para los futuros intercambios que se fijarán a través de oportunos acuerdos complementarios.

Asimismo, han manifestado su deseo de concretar en el terreno práctico un apoyo decidido para incrementar los intercambios comerciales recíprocos y la cooperación económica, habiéndose identificado los siguientes proyectos:

Adicionalmente a los campos específicos mencionados con anterioridad, y en aplicación del convenio básico de cooperación técnica suscrito en el día de ayer, se acordó ampliar los programas de asistencia técnica, formación y capacitación de personal guatemalteco.

En el campo cultural ambas Partes han mostrado interés en intensificar sus tradicionales relaciones y, habida cuenta de los satisfactorios resultados alcanzados en España en el ámbito de la enseñanza a distancia, se ha convenido en intercambiar programas para que puedan facilitarse especialistas españoles para el adiestramiento de personal guatemalteco en esta materia, así como en otros campos culturales.

Ambos Gobiernos estiman conveniente ampliar sus programas de cooperación técnica en materia de trabajo y para ello, y de conformidad con las prescripciones del Convenio de Cooperación Social Hispano-guatemalteco de 8 de noviembre de 1967, se intensificarán dichos programas de común acuerdo y en beneficio de ambos países.

El Rey de España expresó su agradecimiento al Presidente de la República de Guatemala por su cordial hospitalidad y el cúmulo de atenciones recibidas, extendiéndole una invitación formal para que realice una visita oficial a España en una fecha próxima. El Presidente de la República de Guatemala aceptó complacido.

Dado en Guatemala de la Asunción a los trece días del mes de septiembre de mil novecientos setenta y siete.

TRATADOS Y CONVENIOS ENTRE GUATEMALA Y ESPAÑA


  1. Tratado de Reconocimiento, Paz y Amistad
    29 de mayo de 1863
  2. Convenio de Comercio sobre la Base de la Cláusula de Nación más Favorecida
    31 de diciembre de 1955
  3. Convenio de Nacionalidad
    28 de julio de 1961
  4. Instrumento de ratificación del Convenio de Nacionalidad
    5 de marzo de 1962
  5. Convenio Cultural
    27 de abril de 1964
  6. Instrumento de 20 de mayo de 1965. Ratifica el Convenio Cultural con Guatemala
    27 de abril de 1964
  7. Convenio de Cooperación Social
    8 de noviembre de 1967
  8. Acuerdo de Asistencia Técnica
    15 de noviembre de 1971
  9. Convenio de Cooperación Económica y Técnica
    31 de octubre de 1972

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