80 aniversario Azaña

Vida y obra de Azaña

Presidente en Guerra: 1936-1939

El 16 de febrero de 1936, la coalición de izquierdas agrupada en el Frente Popular gana las elecciones. El 19 de febrero Azaña se hace cargo del Gobierno y el 10 de mayo es elegido presidente de la República.

En julio de 1936 el ejército de África se subleva contra el Gobierno de la República. El golpe de Estado fracasa y degenera en un enfrentamiento entre los leales a la República y los militares sublevados.

La Presidencia de la República abandona la capital a mediados de octubre y se instala en Barcelona. Azaña vive el enfrentamiento entre los anarquistas y la Generalidad de Cataluña, los "sucesos de mayo de 1937", que dan lugar a su obra La velada en Benicarló.

Azaña se traslada a Valencia y pronuncia en su Ayuntamiento el primero de sus últimos cuatro grandes discursos (21 de enero de 1937); los otros tres tendrán lugar en julio de 1937 (Universidad de Valencia); en noviembre de 1937 en el Ayuntamiento de Madrid, ciudad que visita por última vez, al igual que su ciudad natal, Alcalá de Henares; y, por último, el que pronuncia el 18 de julio de 1938 en el Ayuntamiento de Barcelona que finaliza pidiendo: "Paz, Piedad y Perdón".

La guerra, que va a asolar España durante tres años, abre la primera página del enfrentamiento con los totalitarismos que desemboca en la II Guerra Mundial.

Ante la inoperancia de la Sociedad de Naciones y la falta de apoyo a la República por las potencias occidentales, Azaña se da cuenta de que se va a perder y destina sus esfuerzos a lograr una paz en las mejores condiciones posibles, a través de la mediación internacional.

Palabras de Azaña

Entrevista con el periodista estadounidense John Gunther:

I am an intellectual, a democrat, and a bourgeois. (Soy intelectual, demócrata y burgués).

John Gunther, Inside Europe. New York, Harper & Brothers,1938, p. 171.


Sobre la Patria:

Todos somos hijos del mismo sol y tributarios del mismo arroyo. Ahí está la base de la nacionalidad y la raíz del sentimiento patriótico, no en un dogma que excluya de la nacionalidad a todos los que no lo profesan, sea un dogma religioso, político o económico […]. Nosotros vemos en la patria una libertad, fundiendo en ella, no sólo los elementos materiales de territorio, de energía física o de riqueza, sino todo el patrimonio moral acumulado por los españoles en veinte siglos.

Discurso pronunciado en el Ayuntamiento de Barcelona el 18 de julio de 1938.

Sobre el golpe de Estado:

En estos momentos de violencia, cuando se ha desencadenado contra el Poder legítimo de la República una agresión sin ejemplo, yo no diré una palabra más de violencia […] Voy a decir solamente palabras de aliento y gratitud […]

Los que han promovido este golpe de fuerza contra el Poder público, esta agresión contra la ley, este alzamiento en armas, no conocen al pueblo a quien pretenden sojuzgar […]

He de deciros, como ya os lo ha dicho el Gobierno, cuál es nuestra gratitud y nuestra admiración por los que combaten en favor de la República […]

Ayudad al Gobierno. Seguid sus indicaciones. Aunad vuestros esfuerzos […]

Contad conmigo.

Palabras de aliento y gratitud a los defensores de la República. Alocución radiada, 23 de julio de 1936.


Sobre la Guerra de España:

¿Cuáles son los motivos de esta invasión que estamos padeciendo? […] no es por derrocar la República. No les importa mucho el régimen interior de España […] No. Vienen a buscar las minas; vienen a buscar las primeras materias; vienen a buscar los puertos, el Estrecho, las bases navales del Atlántico y del Mediterráneo. Y todo eso ¿por qué? Para dar jaque a las potencias occidentales interesadas en mantener este equilibrio, en cuya órbita política internacional, precisamente, España ha venido rodando durante muchos decenios. Para dar jaque lo mismo a la potencia inglesa que a la francesa. Para eso es la invasión de España.

Discurso en el paraninfo de la Universidad de Valencia, 18 de julio de 1937.

Sobre la Sociedad de Naciones:

Reunión en Ginebra. La comedia habitual […]. La razón, el motivo de que Ginebra, secundando la política británica, se desentienda de nuestro pleito, es primeramente la debilidad de España. Si en lugar de docena y media de barcos de escaso poder, tuviéramos en el Mediterráneo ocho o diez grandes acorazados, el derecho de España brillaría en Ginebra con tanta fuerza como el sol valenciano […]

Cuaderno de La Pobleta, 31 de mayo de 1937.

Sobre sí mismo:

Ningún político español de estos tiempos ha razonado y demostrado tanto como yo, parezcan bien mis tesis o parezcan mal. Querer dirigir el país, en la parte que me tocase, con estos dos instrumentos: razones y votos. Se me han opuesto insultos y fusiles. En paz sea dicho.

Cuaderno de La Pobleta, 17 de junio de 1937. Conversación con Fernando de los Ríos.

Sobre los sublevados:

Si triunfara un movimiento de fuerza contra la República, recaeríamos en una dictadura militar y eclesiástica de tipo español tradicional. Por muchas consignas que traduzcan y muchos motes que se pongan. Sables, casullas, desfiles militares y homenajes a la Virgen del Pilar. Por ese lado, el país no da otra cosa.

Cuaderno de La Pobleta, 6 de octubre de 1937.

Sobre la reconciliación:

… y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que se acordarán, si alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres, que han caído embravecidos en la batalla luchando magnánimamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, Piedad y Perdón.

Discurso pronunciado en el Ayuntamiento de Barcelona, 18 de julio de 1938.

Sobre la guerra:

Agradezco y comparto, señor embajador, vuestros votos por la pacificación de España. Una paz nacional, una paz española, de hombres libres, para un pueblo libre. La que unos y otros hemos llamado, no siempre con propiedad, guerra civil, está extinguida en sus móviles, porque el terrible experimento de estos treinta meses conduce, incluso a los más violentos, a abjurar de cierto número de errores apasionados, causa de la discordia nacional. Queda la invasión extranjera, único alimento de la guerra.

Contestación al discurso del Embajador de la República francesa. Barcelona, 31 de diciembre de 1938.