Vicepresidencia y Ministerio de la presidencia
Colección Informe Nº 2
SUMARIO

Los Reyes en América

2. COLOMBIA Y VENEZUELA

LOS REYES EN VENEZUELA

15 de octubre de 1976


Hoy nos queda como herencia colectiva la gran esperanza comunitaria de Simón Bolívar, el ideal de unidad de todos los pueblos hispánicos al que rindo homenaje de profunda reverencia

(Panteón Nacional, en Caracas)

DISCURSO DEL PRESIDENTE DE VENEZUELA EN EL HOMENAJE A SIMÓN BOLÍVAR, EN EL PANTEÓN NACIONAL, DE CARACAS

15 de octubre de 1976 (Panteón Nacional)

Sus Majestades:

Bien venidos a la tierra venezolana. Desde aquí, desde este santuario de la Gran Patria Latinoamericana los saludo en nombre del pueblo de Venezuela. No sientan extraño el nombre de América Latina. No es ingratitud, ni olvido, ni gravitan en la expresión resentimientos. España es nuestra madre y al gran pueblo español rendimos tributo de fraternidad. Iberoamericanos, en este crisol de razas que es nuestra América, hemos asumido la denominación de latinoamericanos para confundirnos en ella como pueblos mestizos, entrelazados el indio, el negro y el blanco, en la tierra firme o insular descubierta toda por España.

El mundo iberoamericano es una vigorosa realidad. Y en este día de hoy, como ayer en Colombia, sentimos que se abren nuevas perspectivas de aproximación inexorable entre España y nuestra América.

Significación histórica

El acto que estamos realizando no es un episodio protocolar en el Panteón Nacional de Venezuela. Es un encuentro de singular significación histórica. Su Majestad, como Jefe de Estado de España, ha querido ofrecer este homenaje ante la tumba de Simón Bolívar, el Libertador. No para refugiarnos en el pasado, ni artificiosa ceremonia de reconciliación que no fue ni es necesaria. Nuestra comunidad nunca fue rota ni extinguida. Las heridas restañaron por sí solas, en la madurez de los descendientes de quienes vinieron a fundar nuestra civilización, a construir nuestros países, y por obra y gracia de la grandeza de un pueblo que realizó la hazaña de descubrir y fundar un nuevo mundo.

Como Presidente de Venezuela recibo esta manifestación con regocijo y veo en ella un anuncio de lo que puede ser en el futuro la comunidad de pueblos que formamos América Latina y España, integrados a aquélla, los nuevos pueblos del Caribe. Una comunidad que ni allá ni aquí pretende o quiere vivir de las glorias del pasado. Dispuesta, con renovada vitalidad, a cumplir su gran destino histórico.

La independencia fue para Venezuela como para los otros países hermanos de este Continente, acto de autoafirmación, de fe en nosotros mismos y de aplicación de las nociones de autogobierno cuando ya la tutela fue innecesaria. Aprendidas las lecciones de la experiencia, de los mismos Ayuntamientos españoles que continuaron en América su tradición original y su vigorosa vocación autonomista.

Integración de Venezuela

Coincide también su presencia con una conmemoración fundamental en la historia de Venezuela. Mi Gobierno ha decidido celebrar el Bicentenario de la Integración de Venezuela, resuelta por el Rey Carlos III, su antepasado, entre 1776 y 1786. Estamos orgullosos de habernos vinculado con la cultura occidental a través de los elementos hispánicos y de compartir otra vez hoy los ideales renovadores y el mismo optimismo de la vieja e ilustre España en la construcción de su democracia, con los de esta América mestiza en busca de su gran destino.

La democracia en España

Porque su visita a Venezuela coincide con un hecho fundamental de la historia contemporánea de España. No escapa a nuestra atención y a nuestro regocijo el proceso democrático que se está iniciando y desde aquí, desde Venezuela, no podemos permanecer indiferentes, porque los venezolanos nos hemos sentido también históricamente asociados a todo empeño español en favor de la libertad. Sin pretender intervenir en los asuntos internos de España, con respeto y cariño filial, Venezuela siente suyos los problemas y los anhelos españoles. La democracia en España contribuirá a robustecer los vínculos de la comunidad histórica y política que forman nuestros pueblos, a darles un alcance y una proyección que no podrá desconocerse en el futuro. Esta comunidad podrá mostrar su importancia y definir su presencia en el equilibrio del mundo. Por eso, con profunda convicción, deseo expresar que América Latina necesita a España y España necesita a América Latina.

Lugar excepcional para decirlo y para reafirmar es éste en que ahora nos encontramos, ante los restos de Simón Bolívar. Recordemos que fue aquí, en Venezuela, donde Cristóbal Colón pisó la tierra firme de América por vez primera. Y desde aquí, se proclamó su derecho a la independencia.

Características propias

Es Venezuela, como toda América Latina, un pueblo formado por una integración racial y por un mestizaje cultural que nos define ante el mundo con características propias. Somos una comunidad de destino, una estructura cultural, satisfecha de sus componentes, conscientes de sus posibilidades y con ambiciones ante el porvenir.

Pasó el tiempo en que América Latina se negaba a sí misma, por un complejo de inferioridad histórica que nos quería privar de nuestro derecho a la libertad y al desarrollo. El nombre de América, que lo ha usurpado sin ánimo de usurpación, por derecho de primogenitura independentista la Gran Nación del norte del Continente, fue en estas tierras donde nació y se bautizó.

Y tal vez esa apropiación antihistórica, aunque involuntaria, de alguna manera contribuye a nuestro relegamiento y a que en muchas naciones del mundo se nos haya ignorado o subsumido en el conocimiento y mención de la otra.

El destino de América Latina

Cualesquiera que hayan sido los accidentes del pasado y las dificultades del presente, el destino de América Latina es la democracia y la libertad, dentro de una sociedad justa y equilibrada, en donde la riqueza ni ningún otro privilegio ofrezcan razones ni oportunidades para el predominio.

Y si de esta manera pensamos y actuamos para fortalecer la comunidad latinoamericana y avanzar, no importan los traspiés, hacia la consolidación democrática; en el orden mundial unimos nuestro esfuerzo al de los demás países, que solemos identificar en el término global del Tercer Mundo, para luchar por un nuevo orden económico internacional, sin discriminaciones ni prepotencias.

De España recibimos sentimientos y vigor temperamental y nos sentimos orgullosos de que estas fuerzas de nuestro carácter nos sirvan, no sólo como título de identidad histórica, sino como estímulo para la acción que sabemos cada vez más exigente.

Hacia España miramos con afecto. De ella esperamos en el futuro la comprensión y cercanía que la comunidad de América y España requieren para acentuar su posición y su presencia en el mundo. Para que hagamos verdad de la palabra iluminada del poeta colombiano Eduardo Carranza: «América comienza en los Pirineos y España termina en la Tierra del Fuego».

El alma de España creció en América

Esta familia de pueblos debe aspirar a la influencia, a la participación y a una digna intervención dentro de los factores políticos que determinan los balances de poder de la sociedad mundial en que vivimos.

El alma de España creció en América y el alma de América debe crecer en España.

Simón Bolívar nos recuerda lo que fuimos, pero también nos advierte lo que podemos ser. El pensaba en ambiciosos términos históricos. Su horizonte no se reducía a los límites del autogobierno, nacido en países de reciente independencia, sino que dilataba su visión para concebir la acción de nuestros pueblos no confinada al simple horizonte nacional sino enlazada con valores continentales y universales. En este año de 1976 hemos recordado y celebrado el Sesquicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá, cuando el genio de Bolívar pretendió adelantarse a los siglos para fundar la gran patria latinoamericana, que hoy intentamos de nuevo, como camino sin retomo, en la integración económica.

Un enclave colonial

Y sirva este recuerdo histórico del del Istmo de Panamá, para pedirle a usted, señor, en nombre de Simón Bolívar, de Venezuela y de América Latina, que a una sola voz lo ha expresado, la solidaridad activa de España para poner fin al enclave colonial que parte el corazón del pueblo panameño. No lo hacemos con hostilidad contra nadie. A Washington, a Jefferson, a Lincoln, hubiera complacido esta actitud. Y ellos son el alma histórica del pueblo norteamericano. Los valores éticos universales que ellos proclamaron mantienen su prístina vigencia.

Una América Latina con vocación universal ha de estar vinculada con España. Esa es una lección de Simón Bolívar y es una posibilidad histórica que ahora tenemos ante nosotros.

Una España democrática hará posible esta grandeza y no cabe duda que sólo dentro de la democracia y de la libertad podrá crecer, arraigarse e influir la asociación de nuestros pueblos. Porque es la única que nos conducirá a vivir mejor y con justicia.

El recuerdo de este hombre «entero y verdadero», como lo definía Miguel de Unamuno, es un símbolo, un estímulo, una gran visión histórica que nos convoca y nos reúne.

Presencia de la nueva España

La hispanidad se nutrió de la retórica. Hagamos ahora una asociación, que si fundada en la sangre, en el idioma y en el espíritu, se afirme en la búsqueda y creación de fórmulas de mutua participación, que haga realidad las inconmensurables posibilidades del conjunto. Vamos a la forja del gran destino que España quiso para sí misma al encontrarse con América.

Con Andrés Eloy Blanco, el poeta, juglar impar de nuestro pueblo, cantor de España, desde este sagrado recinto de la devoción nacional y latinoamericana, saludamos la presencia de la Nueva España que está germinando en la entraña de su pueblo grande:

Y canten por la España ultramarina,
la que dirá a los siglos con su voz colombina,
que el Imperio español no tiene fin.
¡Porque aquí, madre mía, son barro de tu barro,
los lobeznos de Bolívar, cachorros de Pizarro,
nietos de Moctezuma, hijos de San Martín!
Todo el mar de Occidente rebose de murmullos;
el árbol de la lengua se arrebuje en capullos;
haya en España mimos y en América arrullos;
el mismo vuelo tiendan al porvenir las dos,
y el mundo, estupefacto, verá las maravillas
de una raza que tiene por pedestal tres quillas,
y crece como un árbol, hacia el cielo, hacia Dios...

PALABRAS DE S. M. EL REY EN EL HOMENAJE A SIMÓN BOLÍVAR, EN CARACAS

15 de octubre de 1976

Con profunda emoción dejo aquí esta ofrenda como símbolo del respeto de España hacia Simón Bolívar, figura eminente de nuestra raza.

Tanto los conquistadores de América como los libertadores son nuestros y vuestros; unos y otros nos pertenecen a todos porque tienen sus nombres insertos en una historia que también es de todos y de la que no cabe borrar ningún capítulo.

Hoy, al cabo de siglo y medio, olvidados los sufrimientos y la sangre de la separación, purificados los ideales y hasta las desilusiones de Simón Bolívar, nos queda como herencia colectiva su gran esperanza comunitaria, el ideal de unidad de todos los pueblos hispánicos al que rindo homenaje con profunda reverencia.

PALABRAS DE S. M. EL REY A LA COLECTIVIDAD ESPAÑOLA EN CARACAS

15 de octubre de 1976

Agradezco muy sinceramente las palabras que acabáis de pronunciar, y agradezco también vuestra presencia y la oportunidad que me habéis proporcionado de tener un cambio de impresiones sobre temas que a todos nos interesan.

Nuestro deseo hubiese sido visitar cada una de vuestras casas y centros regionales, pero las pocas horas de que disponemos en esta escala han hecho imposible dedicar el tiempo que esas gratas visitas requieren y, por tanto, las aplazamos hasta nuestro próximo viaje oficial a Venezuela. Entonces tendremos oportunidades suficientes para encontrarnos todos, como miembros que somos de la gran familia española, de la que formáis parte tan entrañable como destacada.

No obstante, la Reina y yo hemos querido, en nuestro breve paso por Caracas, conversar con los representantes de nuestra colectividad para que todos sepáis que estáis siempre presentes en nuestro afecto, que nos sentimos orgullosos de vosotros y que compartimos vuestras inquietudes. Y también para contar con vuestra colaboración inapreciable en la construcción de una España cada día mejor, en la que haya lugar para todos, conviviendo en la paz y la concordia, con la renovada ilusión de un futuro fecundo y creador.

La Reina y yo tenemos la ilusión de un próximo encuentro con los españoles de Venezuela, y, mientras tanto, podéis tener la seguridad de que guardamos para todos la más profunda simpatía y comprensión.

A los que estáis aquí y a cuantos compatriotas se encuentran en toda la geografía venezolana, nuestros más afectuosos saludos y nuestros mejores deseos.

Catálogo de publicaciones de la Administración General del Estado http://publicacionesoficiales.boe.es
Ministerio de la Presidencia. Secretaría General Técnica-Secretariado del Gobierno. Centro de Publicaciones